señales de vida

Caminar por los bosques de pinares es una de las actividades que trato de realizar con frecuencia pues son muchos los beneficios que me aporta esta actividad; uno de ellos es la posibilidad de escuchar la fauna que habita el entorno. Aunque, en ciertas ocasiones, sobretodo en invierno, cuesta más reconocer señales de vida silvestre.

Un día de primavera, en medio del aparente silencio, mientras caminaba por la Sierra de Huetor (Granada) se escuchaba un sonido repetitivo a modo de redoble de tambor que rompía la quietud y revelaba la presencia de pequeños seres alados en medio de la densa cobertura vegetal. Un viejo tronco de árbol era el lugar desde donde procedía ese tamborileo intermitente que, parecía ser querencioso, por la facilidad de perforación de una especie de ave: el llamado pájaro carpintero o pico picapinos.

De vivos colores, esta especie es una de mis favoritas, por el característico sonido que hace mientras planea de rama en rama buscando alimento que llevar al nido y por su peculiar vuelo cerrando las alas y dejándose caer para luego remontar. Un nido que se sitúa en la zona alta de los viejos pinos y también en álamos como éste de la fotografía que acompaño.

Aquella mañana pude realizar una sesión de observación desde un hide portátil (escondite camuflado en el bosque) para ver y fotografiar el devenir de esta especie en un pequeño bosque de ribera.

El veloz movimiento del cuello de esta ave forestal es un prodigio de la naturaleza que hace pensar en lo bien diseñada que está su fisonomía para perforar un agujero perfectamente redondo donde cobijar a su prole. Ni que decir tiene que es de admirar el incesante trabajo de la pareja de adultos para alimentar a los polluelos durante la nidada primaveral.

La naturaleza reproduce una estructura digna de ser protegida: la familia. El instinto reproductivo y protector de la pareja que se arriesga a ser presa de otros depredadores con el propósito de sacar adelante su nidada. Desde muy temprano el macho y la hembra buscan insectos y larvas para alimentar a los polluelos que quedan protegidos del sol y la lluvia en este perfecto diseño arquitectónico fabricado solo con el pico.

Esta escena me revelaba la idea de persecución de la especie humana hacia la fauna silvestre, de cómo la vida se abre paso en el bosque mediterráneo y de la discreción con la que se mueven por el bosque la mayoría de especies de fauna, tratando de evitar el contacto con la especie humana, que al parecer debe de cambiar muchos años su comportamiento para que éstas no nos consideren como una amenaza.

Una vez terminada la sesión de observación recogí el equipo y regresé fascinado por las escenas que había estado observando, pues fui testigo de las intrépidas acciones de esta fabulosa y simpática ave forestal que, por suerte llevo observando con cierta facilidad en las montañas de la Alfaguara.

Datos de la toma:

Cámara réflex digital. Lente de 400 mm + multiplicador 1,4x, a f 6,7, vel: 1/250seg. ISO 800. Trípode y hide. edición: PS

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