Esperar a que se ponga el Sol y comience a oscurecer tiene su recompensa en forma de color. Una tarde de verano en el Puerto de la Mora, dentro del espacio natural de la Sierra de Huetor (Granada) estuve observando como la Luna , que se encontraba en fase creciente, comenzaba a destacar en el azul del cielo a medida que la luz decaía tras la puesta de Sol.

Pero, además de la Luna, se podían ver en el cielo el planeta Venus y el planeta Mercurio, más cerca del horizonte. Lentamente los planetas se fueron acercando a la montaña del Majalijar, ocultándose en unos minutos. De esta manera solo quedaba la Luna, que brillaba con su característica luz cenicienta y a la que suelo llamar Luna de cuento, por ser la forma en que aparecía en los cuentos infantiles.

Según avanzaba la tarde el cielo se vestía de un color azul en transición, creando un efecto de filtro degradado que me llamo mucho la atención. Estuve tomando algunas fotografías de este paisaje, una de las cuales aparece aquí abajo.

Estar en este lugar observando este escenario es muy inspirador, no solo por lo que se ve, sino tambien por lo que se huele y se escucha. Las plantas aromáticas dejan una fragancia que se mezcla con el olor a pino calentado por el Sol de verano; al mismo tiempo escuchaba los autillos, pequeñas rapaces nocturnas emitiendo un silbido suave y aflautado. También escuchaba los grillos, que entonaban su relajante sintonía recordándome que estaba en tiempo de vacaciones.

La impresionante silueta del Majalijar parecía querer hablar con la Luna, que poco a poco se acercaba a su cumbre. A medida que me hacía más consciente de lo que estaba observando recordada que, al igual que suele ocurrirnos en los acontecimientos de la vida cotidiana, para que celebremos o nos sintamos bien, debemos haber pasado previamente alguna experiencia difícil o, al menos, menos agradable.

La luz de la Luna y los planetas eran las luces que brillaban en un escenario más oscuro, sin el cual, no hubiera podido percibir la luz que emiten los astros al anochecer. Primero se muestran en el cielo los más brillantes, luego los mas tenues, hasta que el Sol del amanecer va borrando poco a poco cada día la gran pizarra estrellada.

Son muchos los luceros que brillan, algunos creo que quieren decirnos algo, enviarnos algun tipo de mensajes que, en ocasiones, he creído poder descifrar. Algunos de ellos me recuerdan que no estamos solos, que el universo está regido por un amor misterioso del que más tarde o temprano podremos ser conscientes, generando una perspectiva ilusionante y esperanzadora en nuestra existencia.

Datos de la toma:

Cámara réflex digital, 135 mm, a f5, vel: 1,6 seg, ISO 400, trípode. Edición PS.