Aquella mañana del mes de enero, tras una fuerte nevada, las montañas del parque natural de la Sierra de Huetor (Granada) se cubrieron de nieve mientras seguían circulando nubes entre los valles, permitiendo entrever los roquedos más altos.

Una vez llegué al puerto de la Mora me desplacé caminando entre los árboles del bosque de las Mimbres para disfrutar del escenario. Siempre me ha parecido muy diferente ver una montaña cubierta de nieve que sin ella, ya que el blanco le otorga un carácter más fuerte revelando una de sus cualidades más importantes: su altura.

El Peñón de Majalijar es la máxima elevación de este espacio protegido situado en la zona central de la provincia de Granada. Es una mole caliza que adquiere grandes proporciones, sobre todo cuando estamos situados cerca de su base, donde la pared de roca se muestra desafiante a los escaladores.

Con la nieve recién caída, el Sol salía tímidamente entre las nubes dejando ver la pared Este de la montaña, un tajo de varios cientos de metros de caída vertical con un hito geodésico en la cumbre.

Se puede subir a la montaña por un sendero señalizado, aunque en invierno y con nieve puede perderse el sendero. Las vistas desde su cumbre son excepcionales ya que desde lo alto se domina gran parte del espacio natural y se puede disfrutar de bonitas panorámicas de las montañas de Sierra Nevada.

Este paisaje se me hace familiar pues la mayoría de los paseos que suelo realizar en mi tiempo libre son rutas por su zona basal, por la casa forestal de las Mimbres, el Alto del Calabozo, la fuente de los Potros o la acequia del Fardes.

La nieve revelaba como la naturaleza se transforma, se limpia y se purifica cada cierto tiempo. Esto me permitía caminar respirando un aire puro, al igual que los árboles y las rocas se veían más luminosas. La montaña parece ser un vigía, que observa todo lo que ocurre a su alrededor. Cuando saqué la cámara de fotos parecía querer esconderse tras las nubes, pero el viento no lo quería permitir, desplazándolas poco a poco y despejando algo la escena.

En esta zona de la sierra, son esporádicas las nevadas, pero cuando suceden transforman el paisaje, invitando a mirar y pasear entre los pinares. Otra cosa que me llamó la atención fue el intenso color azul del cielo y la posibilidad de adivinar las especies de animales que habían dejado sus huellas en la nieve esa mañana.

Un poco más tarde sentí que el paisaje trataba de expresar algo con esas nubes y esa visión entrecortada de la montaña; las nubes parecían querer jugar al escondite con la montaña, se movían dejando ver en ciertos momentos la pared de roca y ocultándola un poco después. Ese juego me invitaba a recordar las ocasiones de la vida cotidiana donde las circunstancias cambian repentinamente, generando cierto desconcierto, pues una cierta neblina o viento pueden cambiar radicalmente el escenario. Lo que realmente cuenta es que la montaña sigue ahí, permaneciendo en su lugar, tratando de aceptar cualquier condición atmosférica cambiante.

Datos de la toma:

cámara réflex, distancia focal 300 mm a f7,1 vel 1/1600 ISO 100. Edición: PS