El parque nacional de Sierra Nevada ofrece paisajes donde la nieve y el hielo protagonizan el escenario. En esta ocasión voy a compartir algunas de las sensaciones que me aportó una ruta donde pude disfrutar de un atardecer en una de sus lagunas.

Caminar cerca de los tres mil metros de altitud hace que el aire puro y fresco esté garantizado, lo cual ya fue uno de los principales atractivos de esta experiencia. Aquel invierno habían sido frecuentes las precipitaciones de agua, lo que provocó que hubiera una abundante capa de nieve sobre las montañas. Comencé caminando desde el paraje conocido como «Hoya de la Mora» y me dirigí hacia el área de Borreguiles para, más tarde, continuar hacia la laguna de las Yeguas.

Tras un rato caminando sobre la nieve llegué a la zona de la Laguna y quedé asombrado por la gruesa capa de hielo que aún tenía en la superficie. Estuve paseando despacio a su alrededor e incluso me asomé a la zona de los lagunillos de la Virgen, situada un poco más arriba, pero estaban ocultos por la nieve. Poco después me senté y decidí comer algo y descansar mientras la luz del Sol se hacía más cálida según se acercaba al horizonte.

Fue entonces cuando tomé una foto con la intención de conservar el recuerdo de ese momento de luz que me pareció tan bonito: la primavera estaba despertando la laguna.

Mientras el hielo de su superficie helada entraba en sombra, las montañas eran iluminadas por esa luz cálida que proporcionaba un color rosado a la nieve tan peculiar. Fue curioso ver como la capa de hielo también fue cambiando de color verde a color azul según se iba ocultando el Sol.

El silencio y la soledad me hicieron tomar conciencia de la magnitud del paisaje que tenía frente a mí. Entonces tuve la sensación de que la tierra trataba de expresarse a través de este escenario de una forma clara y contundente, invitándome a despertar el lado amable y positivo del corazón.

Era un simple ser humano dando un paseo por la montaña, pero el escenario hacía que me sintiera afortunado de poder estar allí, me ayudaba a percibir un vínculo espiritual con la naturaleza.

La tarde avanzaba y comenzó a oscurecer, así que recogí el equipo y comencé a descender de la laguna en dirección hacia el lugar de partida, eso sí, con la sensación de haber encontrado un lugar de alineación.

Datos de la toma:

cámara réflex, distancia focal: 27 mm, f11, v 0,7 seg, ISO 100. Trípode y filtro DN (3 pasos). Edición: PS