Durante una jornada de ruta por el Altiplano de Granada, me desplacé por los alrededores de la sierra de la Sagra, situada entre las localidades de Huescar y La puebla de Don Fradrique. Era una fría tarde del mes de diciembre y la última borrasca había dejado nieve en las zonas más altas de estas montañas. Poco a poco fue cayendo la tarde y en un momento determinado me percaté de que la Luna estaba prácticamente llena y lucía expléndida en el cielo.

Según atardecía, el Sol se fue ocultando, iluminando poco a poco las zonas más altas de la montaña. Mientras tanto, me encontraba en la penumbra, más abajo, en el valle, y pude percibir como el color de la nieve se tornaba a un rojo pálido por el efecto de los últimos rayos de Sol sobre la cumbre de la montaña. Pero lo que más me gustó fue ver como la Luna asomaba redonda y luminosa sobre la ladera nevada. Parecía que quisiera anunciar algo, como si se tratara de una señal para que estuviera atento y escuchara.

Reconocí esa escena, como si ya la hubiera visto antes; decidí sacar la cámara y traté de captar lo mejor que pude lo que tenía ante mis ojos. Tras unas tomas con diferentes focales, unas más abiertas y otras con la luna más cercana y grande en el en cuadre; finalmente terminé dejando la cámara y me paré unos momentos para asimilar lo que estaba pasando, pues la luz sobre la montaña no me parecía real, ese color rosa-rojizo me cautivó y fue un verdadero momento revelador del paisaje que contemplaba. Llegó un momento en el que la luz de Sol se desvaneció y el rojo de la nieve dió paso al blanco que reflejaba la luz de la Luna.

La Sierra de la Sagra siempre me había parecido un montaña mágica, por su aislamiento geográfico y por el entorno tan bien conservado de bosques y manantiales. Pero, ese día el paisaje me reveló que hay momentos en los que de forma inesperada la naturaleza podría sorprender y producir un cambio de frecuencia en el dial de mis pensamientos.

Me bastaron unos pocos minutos para que el paisaje revelara la posibilidad de equilibrar cualquier pensamiento gracias a la sincronización con los movimientos de los astros: el Sol ocultándose poco a poco y la Luna asomando lentamente por la montaña.

Parecía que todo debiera ocurrir a su tiempo, no se me permitía jugar con el mando de la velocidad y avanzar rápido, en eso consistía la experiencia, en fluir al mismo ritmo que los astros del cielo. El ritmo del universo, solo eso.

Datos de la toma:

cámara réflex, 100 mm, f11, v 1/100 seg, ISO 100. Trípode y filtro DN (3 pasos). Edición: PS